Llamémosle Hassán

Copiado íntegramente del blog de José Muelas.

ABDELLAH DOULFIKAR

La fotografía titulada ‘Cariño’, de Abdellah Doulfikar, ha sido elegida como ganadora del ‘V concurso fotográfico Africanas en España’, no tiene nada que ver con la historia que se cuenta

Un correo electrónico acaba de recordarme algo que me sucedió hace unos cuantos días y que me gustaría contarles; permítanme que les ponga en situación.

Mi cliente, un hombre de más de cincuenta y de profesión el campo, había llegado a España hará unos 25 años; sin más capital que sus brazos y sus riñones, trabajando como un mulo, había logrado sacar adelante a su familia y hasta comprar y pagar una casita, humilde pero digna, en una de las diputaciones más castizas de Cartagena.

Había criado mi cliente dos hijas y dos hijos, ellas ya eran españolas y el mayor de los hijos tenía todos sus papeles en regla pero el menor, llamémosle Hassán, estaba irregular y al padre le preocupaban las consecuencias que esto podía tener en el futuro.

Mi cliente inició por su cuenta un expediente de reagrupación para legalizar la situación de su hijo pero la Administración Española, tras verificar que sus ingresos medios en los últimos seis meses no iban más allá de unos 1.100 euros, denegó su solicitud alegando que, con esa cantidad, no podía sacar adelante a su familia según las leyes españolas.

Mi cliente me visitó y me preguntó si se podía hacer algo. Yo no me dedico a la extranjería pero aquel hombre grande y fuerte que te desollaba la mano al estrechártela por los callos del trabajo me agradó y le dije que recurriríamos la resolución ante la jurisdicción contenciosa y fue por todo eso por lo que, hace unos cuantos días, me encontré celebrando una vista en uno de los juzgados de lo contencioso de la Región de Murcia, lugar donde empieza el recuerdo que quiero contarles.

Mi cliente y su hijo habían decidido acompañarme a la vista —algo nada frecuente— y tras esperar un rato en la puerta (los juicios se sucedían a velocidad vertiginosa cada cinco o seis minutos) nos tocó a nosotros.

Pasamos a la sala, mis clientes se sentaron muy formales en las sillas que les indicó la funcionaria, la vista comenzó y, al menos al principio, todo fue transcurriendo dentro de los cánones normales que regulan esa extraña partida de mus en que la práctica ha convertido algunos juicios…

—Que me ratifico en la demanda y solicito el recibimiento a prueba…

—Que no, que no y que no, que la Administración tiene toda la razón y que también solicito el recibimiento a prueba…

—Prueba: la documental ya aportada

—Prueba: el expediente administrativo.

Con apenas cuatro frases el juicio estaba ya casi hecho y, visto que ninguna de las partes había pedido mus, el juez me dio la palabra para informar:

—Tiene la palabra el señor letrado para informar…

Cuando uno es abogado sabe de la profunda decepción que supone para el cliente presenciar un acto como este, al que llaman juicio, y en el que, en cinco minutos y sin más que pronunciar unas pocas y crípticas palabras, unos desconocidos deciden su futuro y el de su familia, así que consideré preciso estirarme un poquito y hacer un informe que salvase a los ojos de mis clientes la honra del sistema judicial español.

—Con la venia de Su Señoría, para solicitar una sentencia justa…

Y ahí comencé a reflexionar sobre el futuro del hijo de mi cliente en el caso de que no se regularizase su situación en España; ¿qué haría con, llamémosle Hassán, la administración española? ¿Mandarle a Marruecos, un país donde ya no tenía familiares? ¿Quién cuidaría de él? ¿Se le separaría de sus hermanos españoles? y luego estaba esa opinión de la administración de que el padre, con sus 1.100 escasos, no podía sacar adelante una familia. Si así fuese media España habría muerto ya de hambre y eso de que mi cliente no puede… Res ipsa loquitur (Cosa juzgada) (creo que dije) y no solo él y su esposa han sacado adelante una familia sino que hasta pagada tienen una casa cuyas fotografías puede ver su señoría para comprobar lo bien arreglada y limpia que está…

A esas alturas yo me estaba gustando y decidí dar gusto también a mi cliente por si, llegado el caso, no podía darle una sentencia favorable, de forma que proseguí: este hombre y su esposa, trabajando como mulos, han sacado adelante todo lo que han tenido que sacar e incluso su hijo aquí presente, llamémosle Hassán, asiste a un colegio concertado donde por cierto saca magníficas notas y…

…Y en ese momento el juez, de forma muy poco ortodoxa, me interrumpió y se dirigió directamente al hijo de mi cliente:

—¿Es usted el muchacho de quien habla el abogado?

Llamémosle Hassán se puso en pie y respondió:

—Soy yo, señor.

Les juro que he visto a los jóvenes españoles responder de muchas formas y en todas las posturas posibles a las preguntas de un juez: desde el que, sin levantarse del banco ni sacar las manos de los bolsillos del chándal, responde al juez tuteándolo (¿Cómo dices? ¿Me lo preguntas a mí? ¿Me entiendes?) al que, sin dejar de mascar chicle, ensaya ponerse de pie con chulería poligonera. Decenas de canis faltando al colegio y montados en caros scooters pagados por sus padres pasaron por mi cabeza mientras, llamémosle Hassán, se ponía en pie para responder al juez con aquel «Soy yo, señor» que, sin duda, a ustedes les parecerá una tontería pero que a mí me dejó estupefacto por momentos.

—Dígame ¿qué estudia usted?

—Bachiller tecnológico, señor.

—Y ¿qué quiere usted estudiar en el futuro?

—Quiero ser ingeniero, señor.

Llamémosle Hassán no lo sabía, pero en este corto diálogo se estaba ganando sus galones de español de ley a cojón limpio. Yo no tenía la más mínima intención de interrumpir a aquellas dos personas que estaban allí, en el juzgado, hablando de sus asuntos, por lo que me limité a contemplar el espectáculo hasta que el juez, saciada su curiosidad y satisfecho de lo que había oído, cerró la conversación:

—Muchas gracias, no le garantizo nada, pero sepa que tendré muy en cuenta lo que me ha contado a la hora de dictar sentencia.

Llamémosle Hassán se sentó, el juez me miró como preguntándome si tenía yo algo que añadir,

—Creo que está todo dicho Señoría, nada más.

—Tiene la palabra el Abogado del Estado para informe…

No hay buena historia sin un buen malvado y en esta ese papel le corresponde al abogado del estado el cual, con escasísima convicción tras lo visto, insistió en la necesidad de cumplir la ley, los reglamentos y las órdenes ministeriales. Yo le observaba reflexionando sobre lo mal que casan la lírica y lo jurídico y entreteniéndome en comparar el magro cuerpo del abogado del estado y sus manos de piel fina con la anatomía de tractor del padre de llamémosle Hassán. Suerte diferente, vidas diferentes.

Cuando el Abogado del Estado concluyó el clásico «visto para sentencia» del juez cerró el acto.

A la salida, llamémosle Hassán, me preguntó con cierta ansiedad cómo había ido todo…

—No te lo puedo asegurar (le dije) pero me parece que hoy has ganado tú solo el juicio.

Allí me despedí de ellos y me fui para casa reflexionando sobre aquel marroquí que estaba convencido de que estudiar y trabajar era un argumento de peso para poder vivir en este país nuestro donde muchos, por la simple suerte de haber nacido en él, se llaman a sí mismos españoles y reclaman derechos que niegan a otros que, trabajando mucho más, tuvieron menos suerte a la hora de nacer. A mí me gustaría que los españoles fuesen como llamémosle Hassán y que ser español dependiese más de lo que haces que de donde naces, que desde la escuela los niños supiesen que la condición de español no se regala y que los galones hay que ganárselos.

Soy abogado y pronto otros asuntos me hicieron olvidar este; sin embargo, hoy, un correo electrónico con la sentencia del caso acaba de recordármelo…

Y ahora, compréndanme, debo dejarles: he de hacer una llamada telefónica y dar una buena noticia.

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15 respuestas a Llamémosle Hassán

  1. Ester dijo:

    Una buena noticia la que dará el abogado. No se puede generalizar, hay españoles, muchísimos, muy validos y extranjeros que tambien lo son.
    he venido a tu blog porque no me aparecía ninguna entrada tuya y me encuentro esta y la anterior (que ahora leeré). Un abrazo

    • Ester dijo:

      Ya se que ha pasado, la entrada sobre Aragón al ser domingo no la vi (vaya despiste) no se en que día vivo y la de hoy se ha actualizado ahora mismo. otro abrazo de una despistada

      • unjubilado dijo:

        Ester Hay de todo en la viña del Señor, extranjeros que deberían de haberse quedado en su país y españoles que deberían de acompañarles de por vida. Y por supuesto todo lo contrario.
        Con respecto al día que vivo, gracias al blog me entero muchas veces en el día que estoy, no precisamente por el blog, por el ordenador que en ocasiones se me queda encendido y ante si es un lunes o un viernes acudo raudo a el y leo martes 20 de noviembre de 2018… ¡Anda! Pensaba que ya era jueves.
        Abrazos

  2. Esta misma noche me han estado hablando de un subsahariano al que le han permitido la reagrupación familiar después de muchos años de vivir y trabajar aquí, pero ¿sabéis en que condiciones? Pues que de los tres hijos que tiene solo le han permito traer uno. Su mujer y un hijo, quedándose los otros dos en África al cuidado de familiares. ¿Dividir una familia es reagrupación familiar?

    • unjubilado dijo:

      Senior citizen Eso de la reagrupación familiar en España es, como otras muchas palabras, algo que se encuentra en el diccionario, pero que no conoce nadie, por ejemplo dimisión, asilo

  3. JESUS dijo:

    Y posiblemente será un ciudadano mas, y que puede llegar a tener un éxito laborar notable. Tiene ilusión y ganas de trabajar, lo que no tienen los «nin». Cada vez mas, el color o gentilicio tienen menos que ver para triunfar.

    • unjubilado dijo:

      JESUS Desde hace mucho años vengo diciendo que los hijos de los emigrantes les quitarán el puesto de trabajo a nuestros hijos.
      La mayoría de nosotros les ha ayudado en todo lo que hemos podido, por lo que se encuentran con una vida cómoda y sin problemas, si no aprueban este año ya lo harán al siguiente, si no se esfuerzan, ya tienen a sus padres para ayudarles, mientras que los hijos de emigrantes, disponen de escasos recursos y saben que si no se esfuerzan no podrán acceder a un puesto de trabajo decente, por eso estudian y trabajan como si la vida les fuera en ello.
      Pretendo no generalizar.

  4. Maria Jesus Ruiz Alonso dijo:

    Es momeno de pensar, hay de todo, se tapa el Español con el extranjero, y ni todo vale, ni todo es malo
    un abrazo

    • unjubilado dijo:

      Maria Jesus Ruiz Alonso Efectivamente hay de todo, tanto entre los españoles como de los extranjeros, y dices bien, ni todo es bueno es unos ni tampoco malo en los otros.
      Un abrazo

  5. Genín dijo:

    Fíjate que despistado soy, yo creía que estabas jubilado, y resulta que me acabo de enterar que eres abogado y que trabajas y tal y tal… jejeje
    Es broma claro, pero cualquiera que lea la entrada, sea tan despistado como yo, y no te conozca, eso va a pensar 🙂
    Salud

    • unjubilado dijo:

      Genín Tenía que haber puesto todo el texto en cursiva, independientemente de que al principio digo que esta copiado del blog de José Muelas, pero es que se lee mejor la letra redonda que la cursiva.
      Saludos

  6. Ligia dijo:

    Una historia que se puede dar en cualquier país, desde luego, pero es verdad que cuando hay necesidad no podemos «hacer ascos» a nada. Abrazos

    • unjubilado dijo:

      Ligia En la actualidad el problema de la inmigración es un problema en muchos estados, no solamente en España o en Europa, estamos viendo que sucede en América con la caravana de migrantes centroamericanos y que va recorriendo el continente con idea de entrar en EEUU. En algunos sitios los ayudan en otros no quieren ni darles agua…
      Abrazos

  7. Laura.M dijo:

    A mí me gustaría también que muchos españoles fuesen como llamémosle . Que incívicos y mala educación por desgracia tenemos en abucdancia.
    Grata noticia le dará el abogado a Hassán … será y un buen ciudadano.
    Besos.

    • unjubilado dijo:

      Laura.M Hoy en día la educación es algo que se ha perdido hasta en los sitios donde nos deberían dar ejemplo, por ello todavía es más admirable, que venga un extraño a darnos una muestra de civismo.
      Besos

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