La parábola del acueducto

Hace mucho tiempo, en una pequeña y pintoresca aldea, donde la vida era ideal, excepto por un problema, la aldea no disponía de agua a menos que lloviera. Para resolver ese problema de una vez por todas, los ancianos del pueblo decidieron someter a licitación el contrato para suministrar agua de manera diaria. Dos personas se ofrecieron para llevar a cabo la tarea y los ancianos otorgaron el contrato a ambos.

Consideraron que un poco de competencia mantendría los precios bajos y aseguraría el suministro de agua.

Acarreando aguaEl primero de los dos ganadores del contrato, Juan, salió inmediatamente, compró dos cubos de acero galvanizado y comenzó a recorrer el camino al lago para traer agua. Juan comenzó a ganar dinero inmediatamente al trabajar desde la mañana hasta la noche acarreando agua del lago en sus dos cubos, los vaciaba en un gran estanque que la propia aldea había construido.

Cada mañana tenía que levantarse antes que los demás habitantes para asegurarse de que habría suficiente agua cuando ellos se levantaran. Era un trabajo duro, pero él estaba muy contento porque estaba ganando dinero y porque tenía uno de los dos contratos exclusivos para este negocio.

El segundo ganador del contrato, José, desapareció durante algún tiempo. No se le vio durante varios meses, y en lugar de comprar dos cubos, creó una empresa, buscó a varios inversores y contrató a un director de obra. Así que seis meses después volvió con un equipo de construcción, en un año habían construido una enorme tubería de acero inoxidable que conectaba el pueblo con el lago.

Tubería de distribuciónDurante la gran ceremonia de inauguración, José anunció que su agua era más limpia que la de Juan y anunció también que podía suministrar agua a la aldea 24 horas al día, siete días a la semana. Juan sólo podía suministrar agua en días laborales: no trabajaba los fines de semana. Enseguida, anunció que cobraría menos que Juan por este suministro de agua, de mejor calidad. Los habitantes de la aldea lo ovacionaron y corrieron al grifo al final de la tubería de José.

Juan compró mas cubos y contrató empleados para que le ayudaran a transportar agua desde el pantano.

Por su parte, José se dio cuenta de que si esa aldea necesitaba agua, entonces otras aldeas también debían necesitarla, así que amplió su plan de negocios y se marchó a vender su sistema de agua limpia de alta velocidad, gran volumen y bajo costo a las aldeas alrededor del mundo.

José sólo ganaba un céntimo por cada cubo de agua entregado, pero distribuía miles de millones cada día con sus tuberías. Tanto si trabajaba como si no, muchos millones de personas consumían todos los días cientos de cubos de agua, con lo que ingresaba cantidades astronómicas en su cuenta bancaria. José vivió felizmente para siempre con mas dinero cada vez y Juan trabajó muy duro por el resto de su vida y siempre tuvo problemas financieros.

A menudo me pregunto : ¿Estoy construyendo una tubería o acarreando cubos? ¿Estoy trabajando duro o estoy trabajando de manera inteligente?

Autor : Burke Hedges.

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12 respuestas a La parábola del acueducto

  1. Susana dijo:

    Buena historia. No la conocía. Un beso

  2. Ester dijo:

    A mi tambien me ha gustado, saber de gente emprendedora es estupendo. Abrazos

    • unjubilado dijo:

      -Ester- La parábola está un poco forzada, pero tiene razón, en ocasiones por solucionar momentáneamente nuestros problemas no vemos más allá de nuestras narices, pero el que realmente es consciente de lo que puede obtener a largo plazo, prepara muy bien una labor para conseguir muchos y mejores resultados con menos trabajo.
      Abrazos.

  3. Laura.M dijo:

    Mejor trabajar de forma inteligente. Me ha gustado conocerla.
    Buen miércoles Emilio.
    Un abrazo.

  4. La cosa se estropeó cuando José quiso sacar más provecho a su empresa y empezó a subir y subir el precio del agua, cuando ya la empresa de Juan se había venido abajo y cerrado. Entonces, los vecinos de esos pueblos se encontraron con que no tenían más remedio que comprar el agua de José al precio que él pusiera. Es el capitalismo, amigo…

    • unjubilado dijo:

      -Senior citizen- Tienes razón, pero apareció otro emprendedor que no contento con el precio que la infracción iba haciendo subir que compró un equipo de ¡Alta precisión! Detector de agua dulce subterránea, y el personal adecuado para manejar una máquina perforadora que realizara un agujero en el terreno mediante golpes y rotación, sacando el material a medida que profundiza y volviendo a bajar el precio del agua a niveles accesibles para todo el mundo.

  5. Sara O. Durán dijo:

    Y en todo, además del agua, por un tiempo la libre competencia favoreció al consumidor, hasta que se amafiaron y ya no convino, ni con Juan, ni con José, ni con Pedro. Se crearon consorcios y las poblaciones pagan precios exorbitantes, basadas en todo tipo de mentiras, porque hasta los que deberían de regular, se llevan su parte correspondiente en sobornos.
    Besos.

    • unjubilado dijo:

      -Sara O. Durán- Lo has descrito perfectamente, tanto es así que pronto el agua por unas cosas u otras será el producto de consumo indispensable que se mantendrá como el más caro de todos.
      Besos

  6. Cómo se nota que a esa aldea no habían llegado los romanos ni los árabes, que hubieran creado una red de traída de agua de la que hubieran podido tomar ejemplo de manera inteligente.

    • unjubilado dijo:

      -Una mirada…- Acueductos romanos hay muchos, el más conocido por nosotros, o al menos por mi es el de Segovia, ya que he estado en muchas ocasiones en la Plaza Azoguejo, en Segovia que la parte más conocida.

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