
El padre de mi mujer, se fue, se apagó cual pábilo sin cera, pese a que su luz seguirá siempre alumbrando nuestros corazones.
Le gustaba contarnos sus vivencias durante la guerra, sus comienzos de hortelano, su vida en la gran ciudad, su estancia en África, su…
de cuanto bien, cuitado, yo tenía;
y yéndome alejando cada día,
gentes, costumbres, lenguas he pasado.
Ya de volver estoy desconfiado;
pienso remedios en mi fantasía;
y el que más cierto espero es aquel día
que acabará la vida y el cuidado.
De cualquier mal pudiera socorrerme
con veros yo, señora, o esperallo,
si esperallo pudiera sin perdello;
mas no de veros ya para valerme,
si no es morir, ningún remedio hallo,
y si éste lo es, tampoco podré habello.
Garcilaso de la Vega
Eusebio, descansa en Paz.
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