Después del viajecito de Zaragoza hasta Sidi Ifni nos metieron en un campamento con tiendas de campaña parecidas a las de la imagen pero redondas, de unos 4 m. de diámetro en ellas estábamos doce personas más un auxiliar; éste era un soldado de reemplazos anteriores que hacía las veces de niñera, y nos enseñaba las principales normas del B.I.R. (Batallón de Instrucción de Reclutas).
El primer día por la mañana en fila de a cuatro y en perfecta formación -vista desde delante eran cuatro, pero dentro del grupo igual había 3 que 7- la formación era perfecta si te imaginas una lombriz con patas que ensanchando y estrechando sus anillos, iba avanzando al ritmo del 1, 2, 1, 2… Bueno, pues de esta guisa llegamos a la enfermeria y sin más explicaciones que ¡¡Camisas fuera!! y con 8 “enfermeros” por banda, viento en popa a toda vela… -el viento lo hacíamos nosotros cuando soplabamos después de habernos puesto un par de banderillas-, para evitar posibles infecciones nos dijeron.
De ahí a empezar los primeros pinitos con la instrucción, el izquierda y derecha estaba casi chupado pero el alto era un poema. Unos tenían frenos de discos, otros de tambor y alguno ni eso, así que el que no chocaba con el de delante lo hacia con el de atrás, pero con la práctica todo se aprende.
Una de las palabras que la mayoría no conocíamos y que aprendimos, después de preguntar con mucha educación por los servicios; era letrina, con cierta sorna nos indicaban un camino que separado unos 500 metros del campamento llevaba a los “servicios”, más de uno -entre los que yo me encontraba- estuvimos 7 dias y no exagero sin aparecer por allí. Las letrinas eran zanjas de unos 30 cm. de ancho por otros tantos de profundidad separadas entre sí unos dos metros y de unos 25 de longitud.
Estas zanjas eran cada cierto tiempo rellenas con la tierra que salía al hacer otras entre las existentes. De este trabajo creo que no se libró nadie, ya que de forma “voluntaria” nos iban apuntando a todos. El pis era más fácil, aunque estaba prohibido, nos excabullíamos entre los agujeros que existían en la valla del campamento y nos alejábamos un poco; pero que no se te ocurriera salir de noche, conozco un caso que el centinela le pidió el santo y seña al que acababa de salir y lo tuvo un par de horas a la intemperie en calzoncillos hasta que llegó el relevo.
Otra de las experiencias, esta menos traumatizante, fué el primer día de cocina. Nada más llegar nos metieron en un cuartucho con varios sacos de patatas y a pelarlas todas, empezamos con cuidado, pero enseguida vino el cabo cocina y nos demostró como se pelaban -la mitad de la carne quedaba en la monda- pero que rapidez. Después de ir ayudando en lo que nos decían y de haber comido, llegó el apoteosis final; media docena de peroles grandes de hierro para fregar y todos los recipientes más pequeños que se habían utilizado.
Los sacamos fuera de la cocina y en medio de la arena preguntamos ¿La manguera donde está, dónde está la escalera…? -Jajaja ¿manguera?. Aquí tenéis trozos de sacos sucios y unos limpios. Con los sucios y arena quitaréis todos los restos de comida, y cuando no quede nada, el frotar se va acabar… digo frotaréis muy bien con los trozos limpios y luego ya os traeré aceite.
- ¡Mira nos van a hacer tostadas y el aceite para untarlas, con un poquito de ajo y sal, deliciosas!
¡Si, si, con otros trapos ya impregnados en aceite untábamos bien los perolos para que no se oxidaran.
A los 15 días pudimos salir del BIR…
(Continuará…)
Me destinaron a ingenieros. Aquí está su himno.
Con la legión conviví bastante. He aquí una de sus canciones.