El comandante de la aeronave y su tripulación, les damos la más cordial bienvenida a nuestro vuelo; por razones de seguridad les rogamos mantener en posición vertical el respaldo de sus asientos, así como mantener abrochado el cinturón de seguridad; volaremos a un altitud máxima de 27.000 pies por encima de las nubes, viajaremos a una velocidad media de 1,5 veces la velocidad del sonido (eso es muy deprisa, ya que no hay radares) y nos pasaremos dos o tres océanos sin poder parar.
Les recordamos que no está permitido fumar a bordo, ni comerse la tortilla de patatas, – que luego nos pringamos todos-, tampoco pueden lanzar bombas, llevar objetos cortantes ni hablar por el móvil.
Les agradecemos que hayan escogido esta compañia para volar.
- ¡Oiga! ¡Oiga! ¿Y a donde vamos, que yo he quedado con mi novia a las 19,45 en la esquina del cine…
- Vamos a visitar la isla de San Martín, especialmente su aeropuerto Internacional Princesa Juliana, el único de la isla.
- ¡Oiga! ¿Y esto no para en algún sitio?.
Comandante a azafatas, por comunicación interior.
- Llevarle a ese coñazo una botella de whisky, que se la beba entera y que nos deje en paz, ya la pagaré yo de mi bolsillo.

Después de unas horas de vuelo.
Comandante: – Mantener la calma que en unos segundos nos conectan la imagen de nuestro aterrizaje por si alguien lo quiere ver en vivo y en directo; pudiendo conectar su vídeo a esta clavija. Podeís repetir el aterrizaje cuantas veces queraís, sin abusar, que nos quedamos sin combustible.
Ya en tierra los nativos nos explican un poquito la historia de la isla.
Nos dicen que fue avistada por primera vez por Cristóbal Colón el 11 de noviembre de 1493, día de San Martín de Tours, y en honor al santo, Colón bautizó a la isla.
En ella coexisten dos culturas, la francesa -en la parte sur de la isla- ( Saint Martín) y la holandesa -en la parte norte- (Sint Maarten) .
La isla se encuentra dentro del archipiélago de Guadalupe y conforma lo que se llama las Antillas menores.
Temperaturas suaves y agradables durante todo el año, unas increibles playas de arena blanca, delimitadas por una tupida vegetación tropical en donde se puede disfrutar del sol y de todos los deportes náuticos que podaís imaginar, una rica cultura criolla, donde es posible degustar comida indonesia, francesa, italiana o vietnamita, también es considerada uno de los grandes paraisos para ir de compras (está exenta de impuestos porque es zona franca).
Pero primero vamos a visitar su aeropuerto, las compras las dejaís para el último momento.

El aeropuerto internacional Princess Juliana, en el que acabaís de aterrizar, se encuentra situado en la parte holandesa, está en la playa de Maho Bay y como tenemos unos momentos hasta que llegue el autocar, observaremos el aterrizaje de algunos aviones de las distintas compañias que aterrizan en este, tan peculiar aeropuerto. Como podéis apreciar en las imágenes, la pista de aterrizaje está delimitada en ambos extremos por el mar, por un lado tenemos la playa y por el otro un puerto deportivo.
Para ver fotos en tamaño grande y casi tocar los aviones con las manos
- ¿Hay peligro?
- Que va, ninguno. Además si ya llevan puestos los bañadores, aunque caigan al mar, se pueden hacer a la idea de que van en una moto acúatica.
Espero que hayáis disfrutado con el vuelo ya que no es normal bajarse del avión y poderse bañaar en la playa.
- Por cierto, tienen 30 milisegundos para hacer sus compras y volver al avión, que nos vamos de vuelta a España.
- Les aconsejo que en el despege se agarren bien ya que en el otro extremo de la pista también tenemos mar.
- Oiga ahora que no me ve mi novia y por si nos la pegamos, ¿me puedo poner el bañador?, es que se me ha subido el refresco a la cabeza…
- Anda déjale la puerta abierta, le das un empujoncito y decimos que se ha caido al mar.
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